jueves 26 de marzo de 2009
martes 17 de marzo de 2009
El Fantasma de Revilla del Campo
No lo veía y sin embargo lo podía sentir. Estaba presente en la espesura de la vegetación, en las paredes desconchadas, descoloridas y pintarrejeadas, en lo huecos sin ventanas, en los techos amenazadores y el suelo mugriento. En su estructura rotunda, en la forma y en el fondo.
No sentía miedo, tan solo respeto y mucha curiosidad. La sombras me inquietaban, la luz me envolvía. La temperatura era muy agradable allí dentro, pero... al respirar, el aire tenía un olor desconcertante: olía a hierva húmeda, a agua de manantial, a moho, a madera vieja y yeso, pero al final cuando acabé de respirar, cuando tenía el aire bien metido en los pulmones, sentí un olor putrefacto y nauseabundo que irremediablemente me hacía toser. Así que desde ese momento respiré entrecortado, para que el aire no me llegara del todo a los pulmones.
Me sumí entonces en un estado de ligero mareo provocado por mi hiperventilación, supongo. Perdí ligeramente la perspectiva, los volúmenes se acentuaron, la luz y la sombra se contrastaron y los colores se saturaron. Ya no percibí sonido alguno. Fue entonces cuando lo vi: el Fantasma de Revilla del Campo me rodeaba, me envolvía, penetraba en mí. Sereno y sublime, amistoso. A la vista detrás de los recuerdos de otros tiempos, de otras gentes.
En silencio, solo y paciente, espera nuestra visita. Que lo miremos, que no lo recordemos.
¿Nos tenemos que apiadar de él quizá? No.
Publicado por
Javier Abril del Diego
en
10:55:00 AM
martes 10 de marzo de 2009
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